Pruebas epicutáneas

 
 
 

También se denominan pruebas de parche. Consisten en la aplicación sobre la piel (generalmente en la espalda) de una batería de sustancias alergénicas especialmente preparadas para penetrar por difusión a través de la epidermis y entrar en contacto con el sistema inmunitario del individuo.

Son bastante más laboriosas que las descritas previamente pues requieren la preparación de los parches (la batería estándar contiene 36 sustancias distintas), el individuo lleva pegados los parches en la espalda durante 48 horas, tras las cuales se despegan y se hace una primera lectura para anotar las reacciones positivas y su grado. Transcurridas otras 48 horas, se pide al paciente que vuelva a consulta para realizar una segunda lectura, pues en ocasiones las reacciones son más retardadas. Con algunas sustancias pueden ser necesarias lecturas incluso más tardías.

Las pruebas epicutáneas son muy seguras siempre que se utilicen sustancias estandarizadas, induciendo en el individuo sensibilizado reacciones de pequeño tamaño (de milímetros a unos pocos centímetros) que suelen remitir con la aplicación local de una crema de corticoide.

Además, de la batería estándar, disponemos de otras baterías estandarizadas como la batería de metales, la batería de productos dentales o la batería de productos cosméticos.

En ocasiones, se utilizan “contactantes” aportados por el propio individuo. Sin embargo, la fiabilidad y seguridad se ven notablemente reducidas, por lo que en nuestra Clínica no solemos usarlos.

En los últimos años está empleándose más las pruebas de parche con alimentos, especialmente en el diagnóstico de la dermatitis atópica y otros procesos alérgicos. Aún deben estandarizarse.

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